Fascinante como pocos, el mundo del vino ofrece una singular oferta de ocio a través de su cata. Son muchas las bodegas que ofrecen catas a sus clientes, así como las vinotecas que podemos encontrar en cualquier ciudad. Catar el vino es una experiencia sensorial que implica al sentido del gusto y la vista, con objeto de conocer todo lo que aporta una copa de vino. Sobre todo, cuando el caldo es bueno.
Esta actividad resulta tan divertida como interesante dentro del enoturismo, tanto para amantes del vino, como para los aficionados. La cata consiste en degustar y evaluar los diferentes aspectos sensoriales que ofrece el vino, el color, el aroma, el sabor y la textura, son evaluados por los paladares más exigentes y los que pretenden serlo. Toda una experiencia que requiere de práctica y aprendizaje para poder degustar cada copa, como corresponde. En cada cata se prueban diferentes vinos, a modo de comparativa, lo que permite que se puedan evaluar y comparar las cualidades únicas de cada variedad.
Por lo general, se trata de una experiencia muy personal y, al mismo tiempo, subjetivo. Cada catador tiene una percepción y preferencia propia que no tiene que ser compartida con otros catadores, aunque en algunos aspectos, la coincidencia, existe. Se trata, por lo tanto, de una actividad muy valorada dentro del mundo del vino. Sobre todo amantes del vino, sommeliers, productores y profesionales de la industria, disfrutan de esta experiencia, al alcance de todo aquel que quiera aventurarse.
Aunque pueda parecer que catas solo hay una, lo cierto es que son varios los tipos de cata que se pueden realizar. Cada una de ellas, ha sido concebida con objeto de explorar y valorar diferentes aspectos de la misma experiencia sensorial. A continuación, hablaremos con detalle de las fases de una cata, y de los tipos más habituales y comunes que se realizan.
Las fases de la cata
Una cata de vinos, se compone de cinco fases, cada una de ellas determina los aspectos que van a permitir evaluar el vino, sometido a examen. En Bodegas Federico, como expertos y amantes del buen vino, nos han explicado las diferentes fases que se realizan en una cata.
La primera de esas fases, es la observación visual. La vista es el sentido que inicia el proceso, examinando el aspecto del vino. Se evalúa su color, la claridad y la consistencia que posee, al tiempo que se observa su textura al mover la copa.
Pasamos a la fase olfativa, con la que se evalúan y reconocen los aromas que segrega cada caldo. Se realiza agitando la copa, de manera que se liberan los aromas. A continuación, se inhala profundamente, lo que permite detectar los diferentes aromas que desprende.
El siguiente paso es el que más nos gusta: la evaluación gustativa, con la que se evalúa el sabor del vino. Tomando un pequeño sorbo, se deja que el vino cubra toda la superficie de la lengua y se buscan los diferentes sabores que presenta: frutas, especias, hierbas y roble.
La cuarta fase de la cata es la evaluación táctil. No se trata de meter los dedos en la copa, la textura se evalúa con el vino en la boca. Se pone la atención en su suavidad, aspereza, cremosidad o si su textura es tánica. Al mismo tiempo se alude al cuerpo, si es ligero, medio o completo.
Para concluir, la evaluación final que corresponde a la duración del sabor en boca, la textura y el nivel de acidez. Se define por ser corto, medio o largo.
Resulta indispensable tener en cuenta que estas fases, son variables en función del sommelier o experto en vinos que dirija la cata. Durante la misma, se puede incluir información sobre la región de la que procede el vino, la variedad de uva con la que se elabora y la historia del productor. Con esta información se agrega otra dimensión a la experiencia de cata.
A la hora de hacer una cata, el proceso es bastante sencillo. Lo primero e indispensable, es saber que existe una diferencia entre catar y beber un vino. Al hacer la cata, se necesitan varios vinos diferentes para poder hacer una comparación. Cuando se bebe, no es necesario disponer de diferentes variedades.
En cuanto a las fases, son las mismas que ya hemos visto, añadiendo la fase de comparación, en la que se comparan, lógicamente, los diferentes vinos probados, se identifican las diferencias que presenta cada uno, así como sus semejanzas. Se toma nota del que más te gusta y el porqué.
Para limpiar la boca entre vino y vino, evitando que se junten y mezclen los sabores, se recomienda tener un vaso de agua cerca o, contar con un aperitivo neutro como palitos de pan o queso.
En el momento de hacer la cata, es imprescindible, mantener la mente abierta y estar dispuesto a experimentar. Cada vino tiene características propias y únicas, por lo que hay prestar atención a los detalles para poder apreciarlos en toda su plenitud.
Tipos de cata que se pueden realizar
Dentro del universo de la cata de vinos, encontramos un aspecto de lo más interesante, los diferentes tipos de cata que se pueden realizar. No todas las catas son iguales, como tampoco lo son los vinos.
Una de las catas que podemos encontrar es la horizontal. En este tipo de cata, se prueban varios vinos de una misma categoría o región, con objeto de comparar las diferencias entre vinos similares.
Otra opción es la cata vertical, donde se prueba un solo vino pero de diferentes añadas. De manera que se observa la evolución del vino con el paso de los años.
La cata a ciegas es una de las más interesantes, puesto que los participantes prueban los vinos sin conocer su identidad. Así se evalúa el vino con imparcialidad, sin prejuicios a causa de la etiqueta.
Es posible realizar una cata temática, en la que se eligen vinos en función de un tema concreto, como puede ser la uva, la región o el estilo. Con esta cata, se pretende explorar las diferentes expresiones de cada tema.
Sin duda alguna, las más solicitadas por el público general, son las catas de maridaje, debido a que se prueban los vinos con alimentos concretos. Esto permite evaluar como los sabores del vino, interactúan con los alimentos.
Las catas de iniciación o educativas, se han diseñado para los principiantes, con objeto de introducir los conceptos básicos de una cata de vinos.
En una cata de vinos profesional, se reúnen expertos enólogos y profesionales del sector, para evaluar los vinos desde la perspectiva técnica y detallada.
También se llevan a cabo catas de vino espumoso, centradas en los vinos con burbuja como el champán y el cava. En ellas se exploran las características propias de este tipo de vinos. Del mismo modo que se realizan con vinos dulces.
Una cata de vinos tintos y blancos, implica comparar estos tipos de vino, para entender las diferencias de cada uno en términos de sabor, aroma y estructura.
Aparte de las citadas, los profesionales del sector, realizan catas de vino analíticas. Este tipo de cata es la que se utiliza para evaluar objetivamente un vino, en función de sus características sensoriales. Se trata de una técnica que se utiliza esencialmente en la industria del vino, llevada a cabo por enólogos y catadores profesionales. La cata se centra en obtener un análisis detallado de las características del vino más fundamentales: el aroma, el sabor y la textura.
En una cata analítica, el catador busca detectar y describir los diferentes aromas, sabores y sensaciones que cada vino, produce en nariz y boca. En la misma se evalúan otros aspectos como la acidez, el cuerpo, la estructura, la persistencia y la complejidad. Este tipo de cata se realiza utilizando una ficha técnica de cata, divida en secciones donde se registra cada una de las características del vino que se está evaluando. Estas fichas permiten que los catadores puedan tomar notas y evaluar cada aspecto de forma objetiva, ayudando a la industria del vino a que se garantice una calidad en el producto.
Ahora que ya sabemos en qué consiste una cata y la finalidad, es posible que sientas más interés en hacer una. Lo mejor de todo es que son actividades muy accesibles y hasta puedes organizar una en tu propia casa. Si te decides por ir a una bodega o vinoteca, los costes son variables. En función del lugar elegido, el número de vinos a degustar y la experiencia del sumiller o experto que dirija la cata, puede ser más o menos económica, aunque por lo general, en las bodegas o tiendas de vino, como promoción, suelen ser gratuitas. Aun así, el precio es variable y puede ir de los doce euros hasta los que determine el promotor, a razón de la complejidad y exclusividad. Las catas más caras, incluyen vinos de alta gama y catadores con gran experiencia, además de alimentos gourmet, ideales para complementar la cata de los vinos a probar.
En conclusión, un buen vino siempre es un placer para el paladar y las cata de vinos, una excelente manera de deleitar a nuestros sentidos.



