¿Implante o prótesis? ¿Prótesis o implante?

Ante esta cuestión no podemos decir aquello de “tanto monta, monta tanto”. Existen diferencias, ventajas, necesidades y otras consideraciones que hacen que la elección sea variable. Es fácil pensar que, ante la pérdida de un diente o de varios, la mejor opción sea recurrir a los implantes. Lo cierto es que cada opción cuenta con sus ventajas e inconvenientes, además de que se trata de una elección que debe hacerse en base a las necesidades específicas de cada paciente, su salud bucodental y el consejo de un especialista.

La pérdida de un diente afecta de forma significativa a la sonrisa, lo que supone un notable impacto para la confianza personal, la forma de hablar y la manera en la que se disfruta de la comida. Perder una o varias piezas dentales no afecta exclusivamente a la cuestión estética, la parte funcional puede verse afectada en gran medida, por lo que recurrir a uno de estos tratamientos resulta indispensable en la mayoría de los casos.

A la hora de tomar la decisión correcta, hay que conocer todo lo necesario sobre las diferencias entre prótesis dental e implante y lo que supone el tratamiento, con objeto de elegir la opción que mejor se adapta a cada situación. Este tipo de elección es de suma relevancia para las personas que quieren recuperar la funcionalidad y estética de su boca. No se trata meramente de reponer los dientes perdidos, se trata de calidad de vida, confianza y bienestar a largo plazo.

Antes de comparar ambas opciones y adentrarnos en ellas, hay que comprender en qué consiste cada una de ellas y para quién está indicada. En cualquier caso, se trata de soluciones con las que se restaura la función y estética dental, siendo sus características y resultados bastante diferentes.

Implantes, uno a uno

Si algo destaca en la implantología es que cada implante constituye una pieza dental. Desde Vivanta Odontología y Medicina Estética y su especialización en implantología dental, nos explican en qué consiste este tratamiento. El implante dental consiste en una raíz artificial que, por lo general, se fabrica con titanio y se coloca en el hueso maxilar o mandibular, ejerciendo como base para la corona, el puente o la prótesis fija. Pueden ser unitarios, múltiples o soportar una prótesis completa. Los implantes unitarios son aquellos que sustituyen a un solo diente, mientras que los múltiples reponen varias piezas en diferentes zonas y los de prótesis fija soportan una arcada completa de dientes fijos.

La tecnología permite que se adapten el tamaño, la forma y el material del implante a cada caso particular, con lo que se obtienen resultados naturales y funcionales. Los implantes suponen la alternativa más avanzada y cómoda a la hora de recuperar los dientes perdidos, aunque, como todo tipo de tratamiento, suponen una serie de ventajas y cuentan con algunos factores menos positivos a considerar.

Un implante dental proporciona una estética prácticamente idéntica a la que tienen los dientes naturales. La corona se diseña a medida, con lo que se iguala la forma, el tamaño y el color al de toda la dentadura. La fijación al hueso hace posible que se pueda masticar, hablar y sonreír con confianza y seguridad. Para los pacientes, la comodidad es absoluta, puesto que no se mueven ni producen roces en las encías, permite comer de todo sin restricciones y no necesita recurrir a adhesivos o quitarse para dormir o limpiarlos. En definitiva, proporciona la misma sensación que la de tener un nuevo diente propio.

Dentro de los beneficios que proporcionan los implantes, cabe destacar su durabilidad. Con un buen mantenimiento, pueden llegar a durar más de veinte años o toda la vida. El material con el que se fabrican es altamente resistente y biocompatible, minimizando el riesgo de rechazo y las alergias. Su mantenimiento es sencillo: una higiene diaria con cepillo y productos específicos, revisiones periódicas y limpieza profesional cuando proceda. La prevención y el seguimiento son la clave a la hora de disfrutar de un implante como si de una pieza propia se tratara.

El proceso de colocación es mínimamente invasivo y se lleva a cabo con anestesia local. Las fases del tratamiento son la realización de un estudio y planificación personalizados, la colocación del implante en el hueso, el periodo de osteointegración y la colocación de la corona. La recuperación del proceso es rápida y las molestias que se padecen suelen ser de carácter leve y fácilmente controlables con analgésicos.

Prótesis dental para reemplazar varios dientes

Dentro de las prótesis dentales, encontramos las fijas y las removibles, siendo su función principal la de reemplazar dientes perdidos apoyándose en los dientes naturales que queden o en la encía. La prótesis fija sobre los dientes consiste en un puente que se apoya en los dientes adyacentes; la prótesis removible parcial se sujeta en los dientes presentes mediante ganchos adaptados, lo que hace posible quitarla para proceder a su limpieza; la prótesis completa removible sustituye todos los dientes de una arcada y descansa sobre la encía.

Cada una de las prótesis se utiliza en casos concretos, puesto que influyen los dientes perdidos, la salud de la encía y el hueso, así como las preferencias que tenga el paciente.

Este tipo de tratamiento ha sido la solución más utilizada durante décadas. Aunque sigue siendo una alternativa válida en muchos casos, las diferencias que presenta en comparación con los implantes, como puede ser la comodidad, la estabilidad y la durabilidad, hacen que los pacientes se decanten por la primera opción.

En cuanto a las ventajas que supone optar por la prótesis, una de las principales se encuentra en su coste inferior en comparación con los implantes. Esto hace que se conviertan en una opción accesible para aquellos que buscan una solución rápida y más económica, sobre todo en los casos en los que existe una pérdida múltiple de piezas o existe algún tipo de limitación para la cirugía.

Es importante tener en cuenta que, a largo plazo, las prótesis removibles pueden necesitar ajustes o ser reemplazadas, incrementándose el gasto total con el paso del tiempo. El equilibrio entre la inversión inicial y la que requiere su mantenimiento a largo plazo suele ser un factor decisivo.

Este tipo de tratamiento dental, sobre todo cuando se trata de las prótesis removibles, requiere un periodo de adaptación por parte del paciente. Durante los primeros días e incluso semanas, es frecuente experimentar sensación de tener un cuerpo extraño en la boca; sentir dificultad a la hora de hablar o masticar algunos alimentos; notar pequeñas molestias o roces en la encía.

A diferencia de lo que suponen los implantes, las prótesis removibles se pueden mover al comer o hablar, lo que produce una sensación de inseguridad y limita la dieta. En el caso de las prótesis fijas, se obtiene mayor estabilidad, pero dependen de las piezas naturales que tienen que ser talladas, con lo que la salud se puede ver comprometida a largo plazo.

Como ya hemos comentado, el mantenimiento de las prótesis es más engorroso y puede resultar más caro a largo plazo. Requiere una higiene más minuciosa y hacer revisiones de forma periódica. Las prótesis removibles hay que retirarlas a diario para proceder a su limpieza y resulta esencial evitar el agua caliente o los productos abrasivos para su cuidado, puesto que pueden dañarlas.

Las recomendaciones para su cuidado diario son: limpiar la prótesis tras cada comida; evitar la ingesta de alimentos pegajosos o duros; hacer revisiones para su ajuste y prevenir posibles lesiones en la encía; no dormir con ella puesta.

Su vida útil depende de estos cuidados y la calidad de los materiales con los que se ha fabricado.

En una comparativa sobre las prótesis y los implantes, podemos comprobar que la mayor diferencia entre ambos tratamientos la encontramos en la estabilidad, su durabilidad y el mantenimiento necesario en cada uno de ellos. Los implantes dentales ofrecen ventajas más que evidentes para aquellos que buscan una solución definitiva y cómoda. Las prótesis más tradicionales son la opción más conveniente en situaciones concretas o como medida provisional.

Uno de los aspectos que menos se conocen es el impacto que producen estos tratamientos en la salud de la boca y los huesos de la mandíbula. Los implantes dentales estimulan el hueso maxilar, con lo que se evita su reabsorción y se mantiene la estructura facial. Por el contrario, con las prótesis removibles, la pérdida ósea puede verse acelerada y producir cambios en la forma de la cara con el paso del tiempo.

Para concluir, diremos que a la hora de elegir entre implantes dentales o una prótesis, no existe una respuesta única y adecuada para todas las situaciones y pacientes. La elección depende de las necesidades, la salud bucal y las expectativas de cada uno. Aquellos que buscan una solución duradera, estética y funcional, con buenos resultados, encuentran en el implante dental la mejor opción. Factores como la salud ósea, el presupuesto y las necesidades particulares de cada paciente juegan un papel decisivo. Se puede preferir una opción más económica y no invasiva, siendo en este caso la prótesis dental la mejor opción. Lo único que no es elegible es la necesidad de contar con un especialista para evaluar el caso y proporcionar la solución más adecuada.

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