Llevar a un familiar a una residencia de la tercera edad es una decisión complicada. Suele ser una de nuestras últimas opciones para cuidarlo. Te comentamos en este artículo algunos de los criterios para seleccionarla y los requisitos legales que estos centros deben cumplir.
La gran mayoría de personas que están ingresadas en una residencia de ancianos son personas de edades avanzadas que presentan problemas de salud. Todos los hijos sabemos que lo mejor para nuestros padres es que continúen llevando una vida independiente en su casa, mientras puedan. Recibiendo visitas frecuentes de la familia para interesarse por ellos y pasar tiempo de calidad en su compañía.
Las complicaciones de salud y los efectos inexorables del paso del tiempo hacen que, llegado un momento, nuestros mayores requieran una atención continuada que nosotros no podemos darle. Con frecuencia se trata de una atención especializada. Puesto que pueden presentar problemas graves de salud, como enfermedades neuronales degenerativas, que no se pueden tratar de cualquier manera.
Es aquí donde entran en juego las residencias de ancianos. Centros especializados, que sin ser explícitamente centros de salud, reúnen muchas de las características de los centros sanitarios.
Los gerentes de Residencia Castilla, una residencia para mayores de Córdoba, con más de 25 años de existencia, señalan que la asistencia personalizada debe ser el “late motive” de estas instituciones. La clave para ofrecer la mejor calidad de vida posible a nuestros seres queridos en la recta final de sus vidas.
Nadie ingresa a un padre o a una madre en una residencia de la tercera edad a la ligera. Suele ser una decisión meditada a la que hemos dado muchas vueltas. Estas son algunas cuestiones que debes conocer para escoger la residencia adecuada.
La soledad, la falta de movilidad y el deterioro cognitivo.
Al ingresar a un familiar nuestro en una residencia para mayores, por lo general, existe un problema grave detrás. Los tres problemas que más afectan a nuestros mayores son la soledad, la falta de movilidad y las enfermedades que implican un deterioro cognitivo en progresión. En muchos casos se da una combinación de estos problemas.
Datos manejados por Cruz Roja señalan que cerca de 3 millones de personas mayores viven solas en España. Dos de cada tres mayores que padecen soledad han vivido en esa situación más de dos años. Un alto porcentaje de esta soledad es soledad no deseada.
En las personas mayores de 65 años, la soledad no deseada tiene efectos negativos en su salud física y mental. Al vivir solas tienden a cuidarse menos, lo cual les lleva a sentirse más desprotegidas ante la enfermedad. Se alimentan peor, no toman la medicación cuando toca, no hacen ejercicio.
Algunas mujeres mayores han dedicado su vida a cuidar de los demás. Cuando no les queda nadie a quien cuidar (su pareja ha fallecido, sus hijos llevan una vida independiente), su vida parece perder sentido y caen en el abandono.
En el terreno psicológico, lo que más preocupa a las personas mayores que viven solas es no tener a nadie a su lado si sufren un accidente doméstico o se agudiza un problema de salud. Esta idea les genera ansiedad. Por otro lado, pasar demasiado tiempo solo, provoca aislamiento social y la aparición de ideas que socavan su autoestima, como pensar que nadie les quiere o que son una carga para los demás. Consideraciones que les puede conducir a la depresión.
La falta de movilidad es la enfermedad silenciosa de la tercera edad. Se calcula que en España hay más de 4 millones de personas con problemas graves de movilidad. El 60,5% de ellos tienen 80 o más años. Entre los hijos funciona la idea de que mientras la cabeza de nuestro familiar funcione bien no hay que preocuparse en demasía. Podemos contratar a una cuidadora para que le ayude en casa o pedir asistencia a los servicios sociales. Lo cierto es que muchas veces estas circunstancias conducen a situaciones de dependencia, donde la persona no puede hacer vida por sí sola y donde subyacen problemas graves de salud, con enfermedades crónicas como la fibromialgia.
Alrededor de 800.000 personas mayores de 65 años padecen enfermedades de deterioro cognitivo (Alzheimer o demencia senil). Se trata de enfermedades degenerativas, que van empeorando con el tiempo, y que en etapas avanzadas requieren una asistencia especializada continua, las 24 horas del día.
Estos son aspectos que debemos tener en cuenta a la hora de tomar la decisión de contratar una residencia de mayores.
Criterios para seleccionar la residencia.
La Fundación Alzheimer Cataluña nos presenta 12 criterios para seleccionar la residencia adecuada. Son los siguientes:
- Conoce las tipologías de residencia que hay en tu comunidad autónoma. Existen 3 tipos de residencia: Las públicas (gestionadas por las comunidades autónomas o los ayuntamientos), las concertadas (residencias privadas que reciben financiación pública y que suelen seguir la misma política de admisión) y las privadas. Conocer su sistema de funcionamiento y los requisitos para ser admitidos es un paso previo a la hora de escoger residencia.
- La ubicación. La proximidad al lugar donde ha vivido nuestro familiar es importante para él y para nosotros. Al ingresarlo en una residencia no se trata de desarraigarlo. La proximidad al lugar donde ha vivido hasta entonces facilita que pueda recibir visitas de familiares y amigos, le permite hacer salidas por lugares conocidos (en caso de que se hagan) y mantiene vivo el recuerdo de su vida pasada.
- Asistencia sanitaria. Los servicios de salud del centro son un criterio primordial para escoger residencia. Debemos tener en cuenta que tenga un ratio de enfermeras adecuado. Que tengan medios para abordar los problemas de salud del interno (fisioterapeutas, experiencia en el tratamiento del alzhéimer, etc.)
- Características del centro. Aquí debemos valorar los servicios que tienen y las instalaciones. En los servicios, además de la asistencia sanitaria, debemos tener en cuenta servicios asistenciales como peluquería, podología, cocina; y servicios sociales como psicología, terapia ocupacional, etc. Respecto a las instalaciones, debemos valorar que estén diseñadas para personas con movilidad reducida, orientadas a fomentar su autonomía.
- Actividades sociales. Es interesante informarnos sobre las actividades que se realizan en el centro para estimular las capacidades cognitivas y para fomentar la interrelación entre los residentes.
- Horario de visitas. El horario de visitas debe ser flexible y adaptado a la rutina y necesidades del interno.
- Conoce el equipo que se va a encargar de nuestro familiar. Hemos indagado sobre los servicios y la asistencia sanitaria del centro. Es interesante conocer el equipo concreto que va a cuidar de nuestro familiar: la enfermera, las auxiliares de pediatría, los terapeutas, etc. Son los que mejor nos pueden facilitar información sobre él. Además, es importante poner cara y ojos a los profesionales que se van a encargar de nuestro ser querido.
- Presta atención a la comida. La alimentación es importante. Asegúrate de que sea de calidad, variada y adaptada a las posibles patologías del residente: hipertensión, diabetes, colesterol alto, etc. Debemos informarnos sobre si la residencia tiene cocina propia o tiene contratado un servicio de catering externo.
- Relación calidad – precio. No lo hemos señalado en los primeros puestos, pero el precio es un factor a tener en cuenta. Debemos relativizarlo con los servicios y la calidad de los mismos.
- Lee el contrato. Al ingresar a nuestro familiar en la residencia debemos firmar un contrato. En él se establecen las condiciones del servicio. El contrato debe especificar que el centro se hace responsable de la guarda y custodia del residente, y de su estado de salud.
- Ten en cuenta la opinión de tu familiar. Aunque nosotros hagamos las gestiones, lo ideal sería que la elección de la residencia fuera conjunta. La opinión de nuestro familiar es decisiva. Después de todo, es él quien va a vivir ahí.
- Visita la residencia. Por último, antes de contratar la residencia, solicita una visita a las instalaciones.
Algunos requisitos legales.
La web del Centro de Formación C.I.M., que imparte cursos de formación para auxiliares de geriatría, señala que por ley, las instalaciones de una residencia deben ser 100% accesibles y carecer de barreras arquitectónicas.
Este es solo un aspecto de los requisitos legales que debe cumplir una residencia para mayores. Te señalamos otros que también exige la ley. Son estos:
- Licencia de apertura y funcionamiento otorgada por la comunidad autónoma.
- Inscripción en el registro de centros de servicios sociales.
- Plan de evacuación y seguridad conforme a la normativa vigente.
- Cumplimiento de la Ley de Protección de Datos.
- Protocolos de atención sanitaria y asistencia sociosanitaria.
- Personal titulado, con ratios mínimos establecidos por ley.
- Control higiénico-sanitario y de manipulación de alimentos.
- Seguro de responsabilidad civil obligatorio.
- Contrato de servicios claro y firmado con el residente o su representante legal.
Si nos decidimos a ingresar a nuestro familiar en una residencia de mayores, queremos que se sienta a gusto y que esté lo mejor atendido posible. La información que hemos compartido contigo te puede ayudar a conseguirlo.



